Los argentinos y el dólar. “Milei vino a matar el peso, y el peso lo está matando a Milei”

Desde la salida del cepo, los individuos compraron decenas de miles de millones de dólares y vendieron apenas una fracción. La economía se estabilizó, pero el peso todavía tiene dificultades para recuperar una función decisiva: ser moneda de ahorro. El provocativo análisis del economista Leonardo Chialva.

Cuando los argentinos pueden comprar dólares, compran dólares. No importa si el Gobierno es kirchnerista, macrista o libertario. Tampoco si la inflación baja, si el déficit fiscal desaparece o si el Presidente repite que el peso será cada vez más escaso. Frente a la posibilidad de elegir en qué moneda conservar una parte de los ahorros, una proporción considerable sigue yendo a la «lechuga».

Los números del Banco Central permiten observar con nitidez ese comportamiento. Durante los años del cepo, las compras de dólares realizadas por personas humanas estaban limitadas. Por ejemplo, en diciembre de 2022 fueron apenas 131 millones.

Luego, a lo largo de 2023 oscilaron, en general, entre 130 millones y 200 millones mensuales. Después de la llegada de Javier Milei a la Presidencia, en diciembre de ese año, las restricciones se mantuvieron y durante buena parte de 2024 la compra formal de billetes se volvió insignificante: hubo meses de 5, 8 y 10 millones.

No era que los argentinos hubieran dejado de querer dólares, sino que no podían comprarlos libremente en el mercado oficial. Algo que quedó demostrado cuando desapareció la restricción y se abrió la canilla de la comprar legal (porque en el blue, la dinámica había seguido).

La salida del cepo

Milei asumió el 10 de diciembre de 2023, pero la liberación del cepo para las personas humanas se inició con la denominada fase 3 del programa, el 11 de abril, y desde el 14 de abril las personas pudieron volver a comprar moneda extranjera sin el límite mensual de 200 que había regido durante años.

El efecto fue inmediato y ese mismo abril, aun con apenas medio mes bajo el nuevo régimen, las compras realizadas por individuos saltaron a alrededor de 2.000 millones. Luego, en mayo, superaron los 2.200 millones; en junio, fueron 2.400 millones; y en julio llegaron a 3.400 millones.

Con el diario del lunes, no parece haber sido un buen momento porque después vino la tensión electoral, llegó la «dolarización de cartera» ante el «riesgo kuka» y el número llegó a los 5.000 millones en septiembre.

Pasada la elección, el número bajó pero no desapareció. En noviembre las compras fueron de 1.597 millones; en diciembre, de 2.186 millones.

Entrado el corriente año, en enero hubo venta por 2.613 millones, y durante los meses siguientes se movió, en términos generales, en alrededor de los 2.000 millones mensuales.

Quiere decir que entre abril de 2025 y junio de 2026, utilizando las compras y ventas brutas de billetes informadas por el Banco Central, los individuos compraron alrededor de 40.800 millones de dólares, y vendieron unos 6.300 millones. La diferencia supera los 34.000 millones.

Creer o no creer

¿Significa que los argentinos no creen en Milei? No necesariamente. ¿Significa que no creen en el peso? Ahí la respuesta empieza a ser más incómoda porque una cosa es confiar en un programa económico y otra muy distinta confiar en una moneda.

Ese matiz aparece con particular claridad en el análisis deel economista, especialista en mercados, Leonardo Chialva, quien plantea una interpretación diferente. El asesor financiero dijo que la compra de dólares por parte de los particulares no necesariamente debilita el programa de Milei sino que, bajo determinadas condiciones, puede ser exactamente lo contrario.

“El sector privado acumula 1.500-2.000 millones dólares todos los meses. No es un país que está gastando a cuenta. Está saliendo del pozo y la está guardando. Eso te fortalece”, sostuvo en una reciente entrevista con Miguel Boggiano.

Su razonamiento es que si esos dólares son generados por el sector privado, comprados con ahorro genuino y permanecen dentro del sistema financiero, no deberían interpretarse como una fuga clásica ni como una señal automática de crisis.

“A mí me enoja mucho cuando los economistas se quejan porque la gente compra dólares. Los dólares son del sector privado. Lo importante es que los ahorra mayoritariamente en los bancos”, dice Chialvo.

Durante décadas, en la Argentina se convirtió habitual considerar cada dólar comprado por una persona como un dólar “perdido” para la economía. Pero comprar divisas no es necesariamente sacarlas dólares del país. Una persona puede adquirir 10.000 y dejarlos depositados en su banco. Esos dólares continúan formando parte del sistema financiero argentino, argumentó Chialva.

Incluso el propio Banco Central advierte que no toda compra de moneda extranjera de las personas humanas implica formación definitiva de activos externos, ya que parte permanece en cuentas locales y otra parte posteriormente se utiliza para cancelar consumos realizados con tarjetas en moneda extranjera.

Dos lecturas

Por eso el fenómeno admite dos lecturas. La primera es favorable al Gobierno, porque dice que los argentinos recuperaron capacidad de ahorro y, sin un Banco Central emitiendo pesos para financiar sistemáticamente al Tesoro, parte de ese excedente se transforma en dólares sin desencadenar una crisis monetaria.

La segunda es bastante menos tranquilizadora, ya que admite que, aun después de una fuerte desaceleración de la inflación y de más de dos años de disciplina fiscal, cuando los argentinos ahorran siguen eligiendo masivamente… al dólar.

Como explicó Chialva, el peso sirve para pagar, pero el dólar sigue sirviendo para ahorrar, lo que explica buena parte de la anomalía monetaria argentina.

Chialvo la lleva todavía más lejos. Para él, el problema no se observa sólo en la dolarización, sino en la extraordinaria dificultad para construir crédito de largo plazo en pesos.

Propone un ejercicio fácil. Si se le pregunta a un empresario qué tasa aceptaría pagar para tomar dinero durante 18 meses, probablemente responderá 15% o 20%. Pero si se le pregunta a qué tasa prestaría su propio dinero durante ese mismo plazo, puede exigir 50% o 60%, o directamente negarse.

“Esto significa que no existe la moneda”, resume.

La frase puede parecer excesiva porque el peso circula, tiene demanda, sirve para pagar impuestos, y realizar la enorme mayoría de las operaciones cotidianas. Pero Chialvo apunta a la inexistencia de una moneda plenamente aceptada como reserva de valor y como unidad para contratos prolongados.

Su descripción del sistema es igual de cruda y apunta en la misma dirección. “Hay 100 billones de pesos en money market. El sistema financiero en pesos, los pesos que tenemos, son transaccionales”, sostuvo en la misma nota.

¿Qué significa eso? Que, según su análisis, el circuito financiero local se concentra esencialmente en operaciones con fondos de muy corto plazo, cauciones, descuentos de cheques, pagarés y saldos de cuenta corriente. Es decir que el argentino puede aceptar pesos hoy porque sabe qué hará con ellos mañana. Y cuando es «mañana» es literalmente mañana. Pero el problema empieza cuando hay que imaginar de acá a dos años… Y ahí aparece el dólar.

Esa puede ser una de las paradojas del experimento libertario. Milei llegó al poder después de explicar durante años que el peso era una moneda destruida («excremento», dijo) por la política y que los argentinos debían recuperar la libertad de elegir qué moneda utilizar. El tema es que hoy su programa necesita que la estabilización reconstruya alguna demanda voluntaria de pesos.

Chialvo lo resume con una provocación: “Milei vino a matar el peso, y el peso lo está matando a Milei”.

La frase encierra el principal interrogante hacia adelante ya que mientras la economía funcione con pocos pesos y los dólares permanezcan dentro del sistema, la dolarización de carteras puede ser perfectamente administrable. Incluso puede convivir con estabilidad cambiaria, desinflación y acumulación de ahorro privado.

El peligro aparecería si la desconfianza hacia el peso se transformara en desconfianza hacia el sistema en dólares. Chialvo considera ese escenario improbable, pero no imposible. El mecanismo (que podría producirse en un año electoral) sería que los depositantes comienzan a retirar dólares de los bancos. Al caer los depósitos, disminuirían los encajes dentro de las reservas; y entonces, la caída de las reservas se convertiría en noticia; la noticia aceleraría nuevos retiros y el proceso empezaría a retroalimentarse.

El dato dice, según Chialva, que el programa económico puede haber ganado credibilidad más rápido que la moneda; que los argentinos pueden creer que Milei reducirá la inflación, mantendrá el equilibrio fiscal y evitará una emisión descontrolada y, así y todo, elegir dólares mirando al futuro.

Es que después de décadas de inflación, devaluaciones, cepos y defaults la confianza no va a volver rápidamente, y una moneda se reconstruye con tiempo.

La prueba del programa económico quizá no sea, entonces, conseguir que los argentinos dejen de comprar dólares. El propio Gobierno reivindica su derecho a hacerlo. El desafío es lograr que llegue el día en que puedan comprar todos los dólares que quieran y, aun así, algunos decidan quedarse con pesos, a largo plazo, para que exista ahorro con moneda del país. Pero ahora, los números dicen que ese día todavía no llegó.